¿Por qué aparece el dolor de espalda durante las vacaciones?

Dolor de espalda durante las vaciones

Por fin llega el momento de descansar. Cambiamos la oficina por la playa, el sofá por una ruta de senderismo o las reuniones por un paseo junto al mar. En teoría, todo debería favorecer que nuestro cuerpo se encuentre mejor. Sin embargo, muchas personas experimentan justo lo contrario y algunos de los problemas más típicos son las molestias en la zona lumbar. A veces aparecen durante el viaje. Otras, después de un par de días de vacaciones. Incluso hay quien lleva meses sin dolor y, de repente, el primer fin de semana en la costa se queda «enganchado» de la espalda. La pregunta suele ser la misma: «¿Qué he hecho mal?». Por desgracia, la respuesta, casi nunca, es tan sencilla. Empiezas a recapitular: «¿Habrá sido por el colchón del hotel?», «Seguro que ha sido cargando la neverita.», «Me pasé caminando.» Puede que cualquiera de esas situaciones haya influido. Pero, en la mayoría de los casos, no existe un único culpable. Lo que realmente cambia durante las vacaciones no es solo el colchón, el coche o la playa. Cambia por completo la forma en la que utilizamos nuestro cuerpo. Y esa idea es la que mejor explica por qué tantas personas desarrollan dolor lumbar precisamente cuando intentaban descansar. Nuestro organismo se adapta constantemente a aquello que hacemos de forma habitual y a lo nuevo pero las vacaciones cambian mucho más que nuestra rutina. Si trabajas sentado ocho horas al día, tu cuerpo se adapta a esa realidad. Si caminas poco durante el año, esa será la carga que tu espalda considera «normal». El problema aparece cuando, en pocos días, esa rutina cambia por completo. Las vacaciones implican empezar pasando muchas horas conduciendo o viajando en avión, caminamos bastante más de lo habitual, dormimos en una cama diferente, hacemos actividades que llevábamos meses sin practicar y cargamos maletas, sillas o neveras que normalmente no forman parte de nuestro día a día. Estos cambios suponen una exigencia distinta para la espalda. Pero, aunque nuestro cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación, necesita tiempo. El viaje: la primera gran diferencia Para muchas personas, las vacaciones empiezan con varias horas dentro de un coche, un tren o un avión. Permanecer mucho tiempo en la misma postura reduce la variabilidad del movimiento. Algunas estructuras soportan una carga mantenida durante más tiempo del habitual y muchas personas terminan bajándose del coche con sensación de rigidez. A eso se añade otro detalle importante. Después del viaje empezamos inmediatamente acargar maletas y caminar o subir escaleras con ellas. Es decir, pasamos de una situación de muy poca actividad a otra que exige bastante más a nuestra espalda. No solo importa el peso de las maletas Una maleta nos obliga a movernos de una forma diferente a la habitual: nos inclinamos para levantarla, la giramos para meterla en el maletero, la cargamos por escaleras, la sujetamos con un solo brazo durante varios minutos… Si además llevamos meses sin realizar esfuerzos similares, es posible que algunos tejidos reciban una carga para la que no estaban preparados y eso va a poner en alerta al sistema nervioso, de ahí el dolor. Lo realmente importante suele ser la capacidad que tiene nuestro cuerpo, y sistema nervioso, para tolerar ese esfuerzo. ¿Y si el problema ya estaba antes de salir de vacaciones? Hay otra situación que vemos con frecuencia. Personas que aseguran encontrarse perfectamente durante meses y que empiezan a notar dolor justo cuando comienzan a relajarse. ¿Significa eso que el descanso provoca lumbalgia? No, pero sí existe una explicación interesante. Durante periodos de estrés mantenido, nuestro organismo libera diferentes sustancias, entre ellas el cortisol, una hormona que participa en múltiples funciones del cuerpo, incluida la respuesta antiinflamatoria. Cuando desaparece parte de ese estrés y el organismo vuelve poco a poco a un estado de mayor relajación, el cortisol (en gran medida) desaparece del torrente sanguíneo, entonces algunas molestias que habían pasado desapercibidas pueden hacerse más evidentes. La respuesta no está en un solo gesto, sino en el contexto que rodea a la persona mesesantes del evento doloroso. Dormir fuera de casa: ¿el colchón tiene realmente la culpa? Es una de las frases más repetidas durante el verano: «Desde que llegué al hotel me duele la espalda. Seguro que es el colchón.» Aunque un colchón muy diferente al que utilizamos habitualmente puede hacer que nos sintamos menos cómodos, la evidencia científica no permite afirmar que exista un colchón perfecto para prevenir o tratar el dolor lumbar. Entonces, ¿por qué muchas personas notan molestias al dormir fuera de casa? Porque el colchón es solo una pieza del puzle. En vacaciones solemos acostarnos más tarde, dormimos menos horas, el calor puede dificultar el descanso y, en ocasiones, el consumo de alcohol o los cambios de horarios hacen que la calidad del sueño disminuya (que el colchón sea diferente también). Hoy sabemos que dormir mal puede aumentar la sensibilidad al dolor y reducir nuestra capacidad para recuperarnos de las cargas del día anterior. Cuando el descanso se convierte en actividad Durante meses apenas caminamos unos miles de pasos al día, el trabajo, los niños, las tareas del hogar… nos ocupan todo el tiempo y, de repente, pasamos jornadas enteras paseando por una ciudad, caminando por la playa o haciendo senderismo. Otros aprovechan para jugar partidos de pádel, nadar o pasar horas jugando con los niños en el agua. Lo cierto es que mantenerse activo suele ser una de las mejores decisiones para la salud pero el problema aparece cuando el cambio es demasiado brusco. No porque la espalda sea frágil, sino porque necesita tiempo para adaptarse a nuevas demandas. Si, además, añadimos poco descanso a la fórmula (como decíamos antes) tienes el cóctel perfecto. ¿Influye caminar por la arena? La arena es una superficie inestable. Cada paso exige pequeños ajustes en tobillos, rodillas, caderas y espalda/core para mantener el equilibrio. Es un excelente estímulo para muchas personas. Sin embargo, también supone una carga distinta a la de caminar sobre una acera o un suelo firme. Si

Fascitis plantar en verano: por qué aparece y qué puedes hacer para mejorar

FASCITIS PLANTAR EN VERANO

Empiezan las vacaciones, te pones las chanclas, caminas descalzo por casa, y a los pocos días aparece un dolor en la planta del pie. Al principio es una molestia. Después empiezas a notar que, al levantarte por la mañana o después de estar sentado un rato, los primeros pasos son especialmente dolorosos. Vuelves a tu calzado normal pero ya es tarde. Buscas en Google: Dolor en la planta del pie al levantarme. Y una palabra aparece una y otra vez: fascitis plantar. Sin embargo, conviene entender algo importante que no todo dolor en la planta del pie es una fascitis plantar, ni todas las personas desarrollan molestias por las mismas razones. Para profundizar en este tema visita este artículo Y aquí es donde empieza el verdadero tratamiento: comprender qué está ocurriendo y por qué ha ocurrido precisamente ahora. ¿Por qué la fascitis plantar parece aparecer con tanta frecuencia en verano? Con la llegada del verano, y sobre todo al finalizar, aumenta el número de personas en consulta por fascitis plantar. Y no es casualidad. La mayoría de personas llegan convencidas de haber encontrado la causa. «Ha sido por las chanclas.» «Es que he ido mucho descalzo.» «Seguro que fue el paseo por la playa.» Aunque cualquiera de estas situaciones puede influir, lo que realmente cambia durante las vacaciones es la cantidad de estímulos nuevos que recibe el pie en muy poco tiempo. Quizá pasas muchas más horas caminando, utilizas un calzado completamente diferente, permaneces más tiempo descalzo, haces deportes que normalmente no practicas, recorres ciudades durante horas o juegas partidos improvisados de vóley o palas en la playa. Cada uno de esos cambios, por separado, probablemente no supondría ningún problema. Pero cuando aparecen todos juntos o uno muy repetido en el tiempo, el pie tiene queadaptarse a una carga muy distinta de la que estaba acostumbrado. Y esa idea —la capacidad de adaptación a la carga que recibe el tejido— será una de las claves paraentender este artículo. Cuando todo cambia a la vez Las vacaciones no solo cambian el calzado. Cambian prácticamente toda nuestra forma de movernos. Quizá durante el resto del año haces entre 5.000 y 7.000 pasos al día y, de repente, durante una semana recorres una ciudad caminando más de 20.000 pasos diarios, decides aprovechar para empezar a correr por el paseo marítimo, juegas varios partidos de pádel después de meses sin tocar una pala o haces varias rutas de senderismo. La arena, por ejemplo, obliga al pie y al tobillo a trabajar de una forma distinta. Cada pasorequiere pequeños ajustes musculares. Eso no significa que la arena sea perjudicial.Significa que es diferente y cuando el cuerpo se enfrenta a un cambio importante, necesitaun tiempo para adaptarse. Todo esto supone una carga adicional para los tejidos del pie. Y nuestros tejidos tienen una capacidad para soportar esfuerzo pero necesitan tiempo para responder. Si la carga supera de golpe lo que el tejido puede tolerar, es más probable que aparezcan molestias. Entonces… ¿No es culpa de las chanclas? La respuesta corta sería: No necesariamente. Las chanclas no provocan una fascitis plantar por sí solas. Si así fuera, todas las personas que las utilizan tendrían dolor. Y eso no ocurre. Cuando pasamos muchas horas con un caldo diferente, aumenta la carga de trabajo de algunos músculos del pie y de la pierna. A esto se suma que solemos caminar bastante más, permanecer más tiempo de pie y movernos sobre superficies distintas. El resultado depende de cómo se adapta tu pie a ese conjunto de cambios. La pregunta realmente útil es: «¿Estaba mi pie preparado para todo lo que le he pedido hacer estas vacaciones? Caminar descalzo: ¿Bien o mal? En los últimos años se ha popularizado la idea de que caminar descalzo, o “barefoot” es siempre beneficioso porque fortalece el pie pero esa afirmación simplifican demasiado la realidad. Caminar descalzo modifica la forma en la que el pie recibe y distribuye las cargas y cambia el trabajo que realizan músculos, tendones y otras estructuras. En muchas personas esto puede ser perfectamente una oportunidad para que el pie se adapte a diferentes estímulos. El problema aparece cuando el cambio es demasiado brusco o cuando el pie no se adapta. Una vez más: El tejido necesita tiempo para adaptarse. ¿Y si el problema no está solo en el pie? Cuando hablamos de fascitis plantar, es fácil centrar toda la atención en la zona que duele. Pero en consulta rara vez nos limitamos a mirar únicamente el lugar donde aparecen las molestias. Nos interesa entender cómo está funcionando el conjunto. Valoramos, por ejemplo, la movilidad del tobillo, la fuerza de la musculatura de la pantorrilla, la capacidad del pie para adaptarse a la carga, la forma de caminar e incluso otras regiones del cuerpo, cómo las lumbares. Si quieres profundizar en este tema visita este artículo Conclusión La fascitis plantar es uno de los motivos de consulta más frecuentes durante el verano. Pero reducir su explicación a frases como «es culpa de las chanclas» o «no vuelvas a caminar descalzo» suele quedarse corto. En la mayoría de los casos, el dolor aparece porque el pie ha tenido que adaptarse, en muy poco tiempo, a una situación muy diferente de la habitual. Comprender esos cambios suele ser el primer paso para recuperarse. “El diagnóstico pone nombre al problema. El razonamiento explica por qué haaparecido.” Si el dolor en la planta del pie lleva tiempo acompañándote, o limita tu día a día, una valoración individual puede ayudarte a entender qué factores están influyendo en tu caso y a diseñar una estrategia de recuperación adaptada a ti. En Laugan creemos que comprender el problema forma parte de la solución. Por eso dedicamos tiempo no solo a valorar el pie, sino también las demás estructuras que puedan afectarle, entender el contexto en el que ha aparecido el dolor, y qué herramientas pueden ayudarte a recuperar la confianza en el movimiento. Referencias:Guía de Práctica Clínica de la APTA/JOSPT (2023)https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38037331/ Efectos de las intervenciones terapéuticas sobre