¿Por qué te duele la espalda al llegar de vacaciones?

El viaje puede influir más de lo que imaginas

Empiezan las vacaciones.

Después de varias horas de coche o avión, llegas al destino, bajas las maletas y, al cabo de unas horas o al día siguiente, aparece un dolor de espalda que antes no tenías.

La primera reacción suele ser buscar un culpable.

«Ha sido el coche.»

«Ha sido cargar las maletas.»

«Seguro que me he doblado mal.»

Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja.

En la mayoría de los casos, el dolor de espalda no aparece por un único movimiento, sino por la combinación de varios cambios que tu espalda ha tenido que gestionar en muy poco tiempo.

Muchas horas sentado no «estropean» la espalda

Existe la creencia de que conducir durante horas o viajar en avión provoca dolor de espalda.

La evidencia actual no apoya esa idea.

Lo que sí sabemos es que permanecer mucho tiempo en una misma postura puede hacer que aparezcan sensación de rigidez, cansancio muscular o molestias temporales.

Nuestro cuerpo está diseñado para moverse.

Cuando pasamos cuatro, seis u ocho horas prácticamente sin cambiar de posición, disminuye la variabilidad del movimiento y algunas estructuras soportan una carga mantenida durante demasiado tiempo.

La buena noticia es que esa situación suele mejorar al volver a movernos.

Si el viaje es largo, pequeños descansos para caminar unos minutos, cambiar de postura o mover ligeramente la espalda suelen ser más útiles que intentar mantener una postura «perfecta» durante todo el trayecto.

Las maletas no son el problema del dolor de espalda. La falta de costumbre sí puede serlo.

Muchas personas relacionan el dolor con el momento de cargar el equipaje.

Y es lógico.

Después de horas sentado, comenzamos a levantar maletas, meterlas en el maletero, subirlas por escaleras o recorrer largas distancias con ellas.

Pero el problema rara vez está en un único gesto.

Lo importante es que esas tareas nos obligan a realizar movimientos que probablemente llevábamos meses sin hacer.

Nos inclinamos.

Giramos el tronco.

Sujetamos peso con un solo brazo.

Levantamos objetos desde posiciones poco habituales.

Todo ello en un intervalo muy corto de tiempo.

Más que buscar una técnica perfecta para levantar una maleta, tiene sentido preguntarse si nuestro cuerpo estaba preparado para realizar ese esfuerzo.

Una espalda acostumbrada a moverse y hacer fuerza suele tolerar mucho mejor estas situaciones que otra que apenas ha recibido ese tipo de estímulos durante el año.

Dolor de espalda tras vacaciones

¿Y si la espalda ya estaba avisando antes de las vacaciones?

Hay un fenómeno que vemos con frecuencia.

Personas que aseguran encontrarse perfectamente durante meses y que desarrollan dolor justo al empezar las vacaciones.

En muchos casos, el problema no ha aparecido de repente.

Probablemente llevaba tiempo gestándose.

Durante épocas de estrés mantenido, nuestro organismo experimenta numerosos cambios hormonales y neurofisiológicos. Entre ellos, un aumento de cortisol, una hormona implicada en la respuesta al estrés que también participa en la regulación de procesos inflamatorios.

Cuando llega el descanso y ese estado de alerta disminuye, algunas molestias que habían pasado desapercibidas pueden hacerse más evidentes.

No significa que relajarse sea perjudicial.

Significa que el dolor depende de muchos factores además del estado de los tejidos.

Por eso, cuando alguien nos dice:

«Me ha dado justo el primer día de vacaciones.»

Nuestra primera pregunta no suele ser:

«¿Qué movimiento hiciste?»

Sino:

«¿Qué ha cambiado en estas últimas semanas?»

Muchas veces, la respuesta no está en un único gesto, sino en la suma de pequeños cambios que el cuerpo ha tenido que gestionar.

La idea más importante

Si te duele la espalda al llegar de vacaciones, no asumas automáticamente que te has lesionado o que has hecho algo mal.

En la mayoría de los casos, el dolor aparece porque tu cuerpo está respondiendo a cambios de actividad, de movimiento y de rutina para los que quizá no estaba preparado.

Comprender ese contexto es mucho más útil que buscar un único culpable.

Y también es el primer paso para decidir cuál es el tratamiento más adecuado.

¿Qué encontrarás en el siguiente artículo?

Una vez instalado en tu destino, empiezan otros cambios: dormir en una cama diferente, caminar por la arena, practicar deportes que hace meses que no realizas o pasar mucho más tiempo descalzo.

¿Pueden estos factores influir en el dolor de espalda?

Lo analizamos en el siguiente artículo del clúster.

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