¿Qué hacer si te da un dolor lumbar durante las vacaciones? Lo que sí y lo que no recomienda la evidencia
Has llegado a tu destino de vacaciones y, de repente, aparece un dolor intenso en la zona lumbar.
Te cuesta agacharte, levantarte de la silla o incluso caminar con normalidad.
Lo primero que suele venir a la cabeza es:
«Me he quedado clavado.»
Y, justo después, aparecen las dudas.
¿Debo guardar reposo? ¿Es mejor caminar? ¿Necesito antiinflamatorios? ¿Tengo una lesión grave?
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la respuesta es mucho más tranquilizadora de lo que imaginas.
Lo primero: la mayoría de las lumbalgias no son graves
Cuando el dolor aparece de forma intensa es fácil pensar que algo importante se ha roto.
Sin embargo, las principales guías de práctica clínica coinciden en que alrededor del 90-95 % de los episodios de dolor lumbar son inespecíficos, es decir, no están provocados por fracturas, tumores, infecciones u otras enfermedades graves.
Puede llegar a ser muy intenso.
Pero intensidad no siempre significa gravedad.
Conocer este dato suele ser el primer paso para afrontar el problema con menos miedo y tomar mejores decisiones.
¿Cuándo sí deberías consultar de forma urgente?
Aunque son poco frecuentes, existen situaciones que requieren una valoración médica inmediata.
Acude a un servicio de urgencias si el dolor aparece acompañado de alguno de estos signos:
Pérdida de sensibilidad en la zona de los genitales o alrededor del ano.
Pérdida del control de la orina o de las heces.
Debilidad intensa o progresiva en una o ambas piernas que dificulte caminar.
Dolor tras un traumatismo importante.
Fiebre, pérdida de peso inexplicada o antecedentes recientes de cáncer junto con el dolor lumbar.
Afortunadamente, estas situaciones representan una minoría de los casos.
¿Debo guardar reposo?
No.
Durante muchos años se recomendó permanecer varios días en la cama hasta que el dolor desapareciera.
Hoy sabemos que, en la mayoría de las lumbalgias, esa estrategia no solo no acelera la recuperación, sino que puede retrasarla.
Permanecer inmóvil hace que la musculatura pierda capacidad de trabajo, aumenta la rigidez y puede favorecer que el dolor persista durante más tiempo.
Por eso, las principales guías recomiendan mantenerse activo dentro de lo que el dolor permita.
No se trata de ignorar el dolor.
Se trata de seguir moviéndote de forma razonable, adaptando temporalmente la actividad si es necesario.
Si quieres profundizar en este tema, puedes leer nuestro artículo sobre lesiones y reposo, donde explicamos por qué hoy entendemos la recuperación de una forma muy diferente a como se hacía hace unos años.
¿Es bueno caminar?
En la mayoría de los casos, sí.
Caminar suele ser una forma sencilla de mantener el cuerpo en movimiento sin someter a la espalda a cargas excesivas.
No existe una distancia mágica.
Lo importante es que el paseo no provoque un aumento importante y mantenido del dolor.
Muchas veces resulta más útil caminar diez minutos varias veces al día que intentar hacer una larga caminata cuando la espalda todavía está muy sensible.
¿Puedo nadar?
Depende.
Si nadar apenas aumenta las molestias y te permite moverte con comodidad, puede ser una buena opción.
Si cada brazada incrementa claramente el dolor o te obliga a modificar mucho la técnica, probablemente sea mejor esperar unos días.
La clave no es el deporte en sí.
La clave es cómo responde tu espalda a esa carga.
¿Calor o hielo?
Aunque ambas opciones pueden aliviar temporalmente algunas molestias, ninguna ha demostrado acelerar la recuperación.
Si notas que el calor relaja la musculatura o que el frío disminuye temporalmente el dolor, puedes utilizarlos como una herramienta para encontrarte mejor.
Pero no esperes que solucionen el problema por sí solos.
¿Debo tomar antiinflamatorios?
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) pueden disminuir el dolor en algunas personas, pero no corrigen la causa del problema ni han demostrado acelerar la recuperación.
Además, la inflamación forma parte de los mecanismos naturales de reparación del organismo. Por eso, si el dolor es tolerable, en nuestra práctica preferimos no utilizarlos de forma rutinaria.
¿Cuándo puede tener sentido tomarlos?
Cuando el dolor es tan intenso que impide hacer aquello que sí favorece la recuperación: moverte, descansar o dormir adecuadamente.
En esos casos, controlar temporalmente el dolor puede ayudarte a recuperar antes una actividad normal.
Como cualquier medicamento, deben utilizarse con criterio y teniendo en cuenta sus posibles efectos secundarios.
Dormir bien también forma parte del tratamiento.
Cuando hablamos de recuperarse de una lumbalgia solemos pensar en ejercicios o tratamientos.
Sin embargo, una de las herramientas más potentes y, a menudo, más olvidadas es el sueño.
Dormir bien favorece la recuperación del organismo, mejora la tolerancia al dolor y ayuda a afrontar mejor la actividad del día siguiente.
Si durante las vacaciones estás durmiendo poco por el calor, los horarios o el ocio nocturno, merece la pena cuidar este aspecto tanto como cualquier ejercicio.
La idea que nos gustaría que recordaras
La mayoría de los dolores lumbares que aparecen durante las vacaciones no requieren reposo absoluto ni significan que tu espalda esté dañada de forma grave.
En la mayoría de los casos, comprender qué ha cambiado, mantenerte activo dentro de tus posibilidades y dar tiempo al cuerpo para adaptarse suele ser una estrategia mucho más útil que buscar soluciones rápidas.
Si el dolor no mejora, reaparece con frecuencia o limita claramente tu vida diaria, una valoración individual puede ayudarte a identificar qué factores están influyendo en tu caso y cuál es la mejor forma de abordarlos.
Preguntas frecuentes
¿Debo guardar reposo en la cama?
No de forma rutinaria. Mantenerte activo, adaptando temporalmente la intensidad de la actividad, suele favorecer una recuperación más rápida.
¿Puedo caminar?
Sí, siempre que el dolor lo permita. Es preferible caminar varias veces al día durante periodos cortos que permanecer inmóvil.
¿Puedo bañarme en la piscina o en el mar?
Sí, si no aumenta claramente el dolor y puedes moverte con normalidad.
¿Debo hacer estiramientos?
No existe un estiramiento específico que haya demostrado ser imprescindible. Si alivian tus molestias puedes realizarlos, pero no son la base del tratamiento.
¿Calor o hielo?
Ambos pueden aliviar temporalmente los síntomas. Ninguno ha demostrado acelerar la recuperación.
¿Cuándo debería acudir a un fisioterapeuta?
Si el dolor no mejora en unos días, limita tu actividad o se repite con frecuencia, merece la pena realizar una valoración individual para identificar qué factores están manteniendo el problema.
Tres ideas para recordar
La mayoría de las lumbalgias no son graves
El reposo absoluto suele retrasar la recuperación
Muévete tanto como el dolor te permita, sin miedo pero con sentido común
Referencias recomendadas
Guía clínica del National Institute for Health and Care Excellence (NICE NG59).
Guía clínica del American College of Physicians.
The Lancet Series on Low Back Pain.
Reserva tu cita hoy mismo
- Illeta kalea 9, 48991 Algorta, Getxo
- 747 481 321
- 747 481 321
- info@laugangetxo.com
- Laugan_getxo
- Illeta kalea 9, 48991 Algorta, Getxo
- 747 481 321
- 747 481 321
- info@laugangetxo.com
- Laugan_getxo