¿Por qué te duele la espalda al llegar de vacaciones? El viaje puede influir más de lo que imaginas

Dolor de espalda despues de viajar

¿Por qué te duele la espalda al llegar de vacaciones? El viaje puede influir más de lo que imaginas Empiezan las vacaciones. Después de varias horas de coche o avión, llegas al destino, bajas las maletas y, al cabo de unas horas o al día siguiente, aparece un dolor de espalda que antes no tenías. La primera reacción suele ser buscar un culpable. «Ha sido el coche.» «Ha sido cargar las maletas.» «Seguro que me he doblado mal.» Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja. En la mayoría de los casos, el dolor de espalda no aparece por un único movimiento, sino por la combinación de varios cambios que tu espalda ha tenido que gestionar en muy poco tiempo. Muchas horas sentado no «estropean» la espalda Existe la creencia de que conducir durante horas o viajar en avión provoca dolor de espalda. La evidencia actual no apoya esa idea. Lo que sí sabemos es que permanecer mucho tiempo en una misma postura puede hacer que aparezcan sensación de rigidez, cansancio muscular o molestias temporales. Nuestro cuerpo está diseñado para moverse. Cuando pasamos cuatro, seis u ocho horas prácticamente sin cambiar de posición, disminuye la variabilidad del movimiento y algunas estructuras soportan una carga mantenida durante demasiado tiempo. La buena noticia es que esa situación suele mejorar al volver a movernos. Si el viaje es largo, pequeños descansos para caminar unos minutos, cambiar de postura o mover ligeramente la espalda suelen ser más útiles que intentar mantener una postura «perfecta» durante todo el trayecto. Las maletas no son el problema del dolor de espalda. La falta de costumbre sí puede serlo. Muchas personas relacionan el dolor con el momento de cargar el equipaje. Y es lógico. Después de horas sentado, comenzamos a levantar maletas, meterlas en el maletero, subirlas por escaleras o recorrer largas distancias con ellas. Pero el problema rara vez está en un único gesto. Lo importante es que esas tareas nos obligan a realizar movimientos que probablemente llevábamos meses sin hacer. Nos inclinamos. Giramos el tronco. Sujetamos peso con un solo brazo. Levantamos objetos desde posiciones poco habituales. Todo ello en un intervalo muy corto de tiempo. Más que buscar una técnica perfecta para levantar una maleta, tiene sentido preguntarse si nuestro cuerpo estaba preparado para realizar ese esfuerzo. Una espalda acostumbrada a moverse y hacer fuerza suele tolerar mucho mejor estas situaciones que otra que apenas ha recibido ese tipo de estímulos durante el año. ¿Y si la espalda ya estaba avisando antes de las vacaciones? Hay un fenómeno que vemos con frecuencia. Personas que aseguran encontrarse perfectamente durante meses y que desarrollan dolor justo al empezar las vacaciones. En muchos casos, el problema no ha aparecido de repente. Probablemente llevaba tiempo gestándose. Durante épocas de estrés mantenido, nuestro organismo experimenta numerosos cambios hormonales y neurofisiológicos. Entre ellos, un aumento de cortisol, una hormona implicada en la respuesta al estrés que también participa en la regulación de procesos inflamatorios. Cuando llega el descanso y ese estado de alerta disminuye, algunas molestias que habían pasado desapercibidas pueden hacerse más evidentes. No significa que relajarse sea perjudicial. Significa que el dolor depende de muchos factores además del estado de los tejidos. Por eso, cuando alguien nos dice: «Me ha dado justo el primer día de vacaciones.» Nuestra primera pregunta no suele ser: «¿Qué movimiento hiciste?» Sino: «¿Qué ha cambiado en estas últimas semanas?» Muchas veces, la respuesta no está en un único gesto, sino en la suma de pequeños cambios que el cuerpo ha tenido que gestionar. La idea más importante Si te duele la espalda al llegar de vacaciones, no asumas automáticamente que te has lesionado o que has hecho algo mal. En la mayoría de los casos, el dolor aparece porque tu cuerpo está respondiendo a cambios de actividad, de movimiento y de rutina para los que quizá no estaba preparado. Comprender ese contexto es mucho más útil que buscar un único culpable. Y también es el primer paso para decidir cuál es el tratamiento más adecuado. ¿Qué encontrarás en el siguiente artículo? Una vez instalado en tu destino, empiezan otros cambios: dormir en una cama diferente, caminar por la arena, practicar deportes que hace meses que no realizas o pasar mucho más tiempo descalzo. ¿Pueden estos factores influir en el dolor de espalda? Lo analizamos en el siguiente artículo del clúster. Reserva tu cita hoy mismo Illeta kalea 9, 48991 Algorta, Getxo 747 481 321 747 481 321 info@laugangetxo.com Laugan_getxo

¿Cuánto tarda en curarse una fascitis plantar? 

Cuanto tarda en curarse una fascitis plantar

La respuesta depende de mucho más que del tiempo Una de las primeras preguntas que escuchamos en consulta es casi siempre la misma: —»¿Cuánto tiempo voy a estar así?» Es una pregunta totalmente lógica. Cuando el dolor aparece al levantarte de la cama, al caminar, al pasar muchas horas de pie o te afecta en tu deporte lo primero que quieres saber es cuándo volverás a hacer vida normal. Sin embargo, probablemente no te guste la respuesta. No existe un número de semanas que sirva para todo el mundo. Si has buscado información en Internet, habrás encontrado respuestas muy diferentes. Algunas hablan de seis semanas, otras de varios meses e incluso de un año. ¿Quién tiene razón? En realidad, todos… y ninguno. La recuperación de una fascitis plantar no depende únicamente del paso del tiempo. Depende de cómo responda tu cuerpo y, sobre todo, de si conseguimos modificar los factores que han favorecido la aparición del problema. El tiempo, por sí solo, no cura Es cierto que muchos tejidos necesitan tiempo para recuperarse. Pero el tiempo, por sí mismo, no siempre resuelve el problema. Imagina que cada día sigues sometiendo a tu pie exactamente a la misma carga que provocó las molestias. Aunque pasen semanas, es posible que el dolor apenas cambie. Por el contrario, cuando entendemos qué ha favorecido la aparición de los síntomas y adaptamos la carga de forma progresiva, la evolución suele ser mucho más favorable. ¿De qué depende la recuperación de la fascitis plantar? No hay una única respuesta, pero sí hay diferentes factores que influyen.  No es lo mismo llevar una semana con molestias que arrastrarlas desde hace un año. Tampoco es igual una persona que puede adaptar temporalmente su actividad que alguien cuyo trabajo le obliga a permanecer de pie diez horas al día. También influyen el estado físico general, la capacidad del pie para tolerar carga, el tipo de actividad que realizas y el tratamiento que sigues. El problema suele persistir por que no hemos resuelto la verdadera causa. A veces puede que tenga más que ver con una lesión en otra zona, como la lumbar.  Visita esta entrada de blog para ver de que hablo La importancia de buenos hábitos Otras veces nos centramos mucho en la lesión y no miramos en los hábitos de la persona. ¿Duerme bien? El cuerpo se recupera con el sueño. ¿Su alimentación es adecuada? Se necesitan nutrientes de calidad para regenerar tejido. ¿Hace los ejercicios? Las células y el colágeno responden a una dosis de carga concreta. ¿Fuma, bebe, tiene diabetes, toma antiinflamatorios/corticoides? Todo ello contrae los capilares sanguíneos, por donde van muchas de las herramientas para la regeneración. ¿Qué suele retrasar la recuperación de la fascitis plantar? Uno de los errores más frecuentes es buscar una solución rápida. Cambiar continuamente de tratamiento, probar un producto nuevo cada semana o esperar que unas plantillas o unas zapatillas solucionen el problema por sí solas rara vez da buenos resultados. Como decíamos antes, la recuperación puede ralentizarse por mantener exactamente las mismas cargas que provocaron el dolor o, en el extremo contrario, dejar de moverse por completo durante semanas. Eso debilita aún más el pie y entramos en un círculo vicioso de miedo y evitación al movimiento del que después es más difícil salir. En nuestra experiencia, suele funcionar mejor encontrar un punto intermedio: adaptar la actividad mientras el tejido recupera su capacidad para tolerar carga además de revisar los hábitos y el contexto personal de cada uno. Entonces, ¿Qué puedes hacer? Lo primero es entender por qué ha aparecido el problema. Después, ajustar temporalmente aquellas actividades que aumentan claramente las molestias y recuperar de forma progresiva la capacidad del pie mediante ejercicio y una exposición gradual a la carga. Además, si hay comorbilidades asociadas (sueño insuficiente, hábitos tóxicos, sobrepeso, toma de medicamentos o una alimentación de mala calidad) deben tenerse en cuenta y trabajar sobre ellas. A veces esos pequeños detalles son los que marcan la diferencia. Si todavía no has leído nuestro artículo sobre el papel del calzado, las chanclas y caminar descalzo, te recomendamos empezar por ahí. Comprender cómo influyen estos factores puede ayudarte a evitar algunos de los errores más habituales. Leelo aquí ¿Qué suele retrasar la recuperación de la fascitis plantar? Uno de los errores más frecuentes es buscar una solución rápida. Cambiar continuamente de tratamiento, probar un producto nuevo cada semana o esperar que unas plantillas o unas zapatillas solucionen el problema por sí solas rara vez da buenos resultados. Como decíamos antes, la recuperación puede ralentizarse por mantener exactamente las mismas cargas que provocaron el dolor o, en el extremo contrario, dejar de moverse por completo durante semanas. Eso debilita aún más el pie y entramos en un círculo vicioso de miedo y evitación al movimiento del que después es más difícil salir. En nuestra experiencia, suele funcionar mejor encontrar un punto intermedio: adaptar la actividad mientras el tejido recupera su capacidad para tolerar carga además de revisar los hábitos y el contexto personal de cada uno. La idea más importante La pregunta no debería ser únicamente: «¿Cuánto tarda en curarse una fascitis plantar?» Quizá la pregunta más útil sea: «¿Qué necesita mi pie para volver a tolerar las cargas de mi vida diaria?« Así nos aseguramos de que no se olvida lo verdaderamente importante: ayudar al cuerpo a recuperar su capacidad de adaptación. Ese suele ser el camino hacia una recuperación duradera. Reserva tu cita hoy mismo Illeta kalea 9, 48991 Algorta, Getxo 747 481 321 747 481 321 info@laugangetxo.com Laugan_getxo

¿Las chanclas y caminar descalzo provocan fascitis plantar? 

¿Las chanclas y caminar descalzo provocan fascitis plantar? La verdad sobre el calzado Si buscas información sobre fascitis plantar, probablemente hayas leído recomendaciones muy distintas. Unas dicen que las chanclas son perjudiciales, otras que deberías caminar siempre descalzo y otras que el calzado barefoot es la solución definitiva. Entonces, ¿en qué quedamos? La realidad es que ningún calzado provoca por sí solo una fascitis plantar, igual que caminar descalzo no es bueno ni malo por definición. La idea clave es si tu pie está preparado para la exigencia que ese calzado le plantea. ¿Las chanclas son las culpables de la fascitis plantar? Las chanclas tradicionales tienen una característica evidente: sujetan muy poco el pie. Para evitar que se salgan al caminar, modificamos de forma inconsciente nuestra manera de mover los dedos y el pie. Algunos músculos trabajan más para mantener la chancla en su sitio y la distribución de las cargas cambia. ¿Significa eso que las chanclas lesionan el pie? No, pero aumenta el riesgo. Muchas personas las utilizan durante años sin ningún problema. Sin embargo, si pasas de llevar un calzado estable durante todo el año a caminar más con chanclas durante las vacaciones, esa nueva exigencia puede superar la capacidad de adaptación de algunos tejidos y favorecer la aparición de molestias. Por tanto, el problema no suele ser la chancla en sí, sino la incapacidad de los tejidos a tolerar la carga que la acompaña. ¿Y caminar descalzo provoca fascitis plantar? Desde un punto de vista funcional, caminar descalzo es la forma en la que el pie humano ha evolucionado durante miles de años. El pie dispone de una compleja estructura y musculatura, además de una gran cantidad de receptores sensitivos que le permiten adaptarse a terrenos muy diferentes. El inconveniente es que la mayoría de nosotros no hemos crecido utilizando el pie de esa manera. Desde pequeños solemos llevar calzado que limita, en mayor o menor medida, el movimiento natural del pie.  En muchos casos encontramos punteras estrechas, suelas rígidas o zapatos que reducen el trabajo de la musculatura intrínseca del pie. Esto no significa que ese calzado sea el origen de todos los problemas, pero sí puede hacer que el pie pierda parte de su capacidad para adaptarse a determinados estímulos cuando caminamos descalzos. Por eso, cuando llega el verano y empezamos a caminar descalzos durante horas, algunas personas desarrollan molestias. No porque caminar descalzo sea perjudicial, sino porque el pie ya no está acostumbrado a hacerlo. Entonces, ¿qué calzado es el mejor? No existe un calzado perfecto para todo el mundo. Un zapato muy rígido puede resultar excesivamente limitante para algunas personas, mientras que una chancla muy suelta puede exigir demasiado a un pie poco acostumbrado. El mejor calzado será aquel que permita a tu pie trabajar de forma eficiente y para el que esté preparado en este momento. En nuestra experiencia, las chanclas que incorporan una sujeción adicional alrededor del tobillo suelen ser una alternativa más estable que las chanclas tradicionales. Aun así, ninguna chancla sustituye a un pie bien acondicionado. ¿Y el calzado barefoot? El calzado barefoot o respetuoso intenta reproducir algunas características del pie descalzo: puntera amplia, suela flexible y ausencia de desnivel entre talón y antepié. Puede ser una herramienta interesante para muchas personas, pero no es una solución universal. Si llevas décadas utilizando un calzado muy amortiguado o rígido, cambiar de un día para otro a un barefoot puede aumentar la carga sobre músculos y tendones que no están preparados para ello. Por eso, cuando se plantea este cambio, suele ser recomendable hacerlo de forma progresiva y adaptada a cada persona. La idea más importante, más que preguntarte si las chanclas son malas o si deberías caminar siempre descalzo, quizá sea más útil plantearse: ¿Está mi pie preparado para el tipo de calzado y la actividad que le estoy pidiendo? Con nuestra experiencia, esa pregunta explica mucho mejor por qué algunas personas desarrollan dolor y otras no, incluso utilizando exactamente el mismo calzado. El objetivo no es encontrar el zapato perfecto. Es conseguir que tu pie sea capaz de adaptarse a diferentes situaciones con la mayor normalidad posible. Si el dolor persiste o limita tu actividad, una valoración individual puede ayudarte a entender qué factores están influyendo en tu caso y qué estrategia tiene más sentido para recuperar la función del pie. Reserva tu cita hoy mismo Illeta kalea 9, 48991 Algorta, Getxo 747 481 321 747 481 321 info@laugangetxo.com Laugan_getxo

¿Por qué aparece el dolor de espalda durante las vacaciones?

Dolor de espalda durante las vaciones

Por fin llega el momento de descansar. Cambiamos la oficina por la playa, el sofá por una ruta de senderismo o las reuniones por un paseo junto al mar. En teoría, todo debería favorecer que nuestro cuerpo se encuentre mejor. Sin embargo, muchas personas experimentan justo lo contrario y algunos de los problemas más típicos son las molestias en la zona lumbar. A veces aparecen durante el viaje. Otras, después de un par de días de vacaciones. Incluso hay quien lleva meses sin dolor y, de repente, el primer fin de semana en la costa se queda «enganchado» de la espalda. La pregunta suele ser la misma: «¿Qué he hecho mal?». Por desgracia, la respuesta, casi nunca, es tan sencilla. Empiezas a recapitular: «¿Habrá sido por el colchón del hotel?», «Seguro que ha sido cargando la neverita.», «Me pasé caminando.» Puede que cualquiera de esas situaciones haya influido. Pero, en la mayoría de los casos, no existe un único culpable. Lo que realmente cambia durante las vacaciones no es solo el colchón, el coche o la playa. Cambia por completo la forma en la que utilizamos nuestro cuerpo. Y esa idea es la que mejor explica por qué tantas personas desarrollan dolor lumbar precisamente cuando intentaban descansar. Nuestro organismo se adapta constantemente a aquello que hacemos de forma habitual y a lo nuevo pero las vacaciones cambian mucho más que nuestra rutina. Si trabajas sentado ocho horas al día, tu cuerpo se adapta a esa realidad. Si caminas poco durante el año, esa será la carga que tu espalda considera «normal». El problema aparece cuando, en pocos días, esa rutina cambia por completo. Las vacaciones implican empezar pasando muchas horas conduciendo o viajando en avión, caminamos bastante más de lo habitual, dormimos en una cama diferente, hacemos actividades que llevábamos meses sin practicar y cargamos maletas, sillas o neveras que normalmente no forman parte de nuestro día a día. Estos cambios suponen una exigencia distinta para la espalda. Pero, aunque nuestro cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación, necesita tiempo. El viaje: la primera gran diferencia Para muchas personas, las vacaciones empiezan con varias horas dentro de un coche, un tren o un avión. Permanecer mucho tiempo en la misma postura reduce la variabilidad del movimiento. Algunas estructuras soportan una carga mantenida durante más tiempo del habitual y muchas personas terminan bajándose del coche con sensación de rigidez. A eso se añade otro detalle importante. Después del viaje empezamos inmediatamente acargar maletas y caminar o subir escaleras con ellas. Es decir, pasamos de una situación de muy poca actividad a otra que exige bastante más a nuestra espalda. No solo importa el peso de las maletas Una maleta nos obliga a movernos de una forma diferente a la habitual: nos inclinamos para levantarla, la giramos para meterla en el maletero, la cargamos por escaleras, la sujetamos con un solo brazo durante varios minutos… Si además llevamos meses sin realizar esfuerzos similares, es posible que algunos tejidos reciban una carga para la que no estaban preparados y eso va a poner en alerta al sistema nervioso, de ahí el dolor. Lo realmente importante suele ser la capacidad que tiene nuestro cuerpo, y sistema nervioso, para tolerar ese esfuerzo. ¿Y si el problema ya estaba antes de salir de vacaciones? Hay otra situación que vemos con frecuencia. Personas que aseguran encontrarse perfectamente durante meses y que empiezan a notar dolor justo cuando comienzan a relajarse. ¿Significa eso que el descanso provoca lumbalgia? No, pero sí existe una explicación interesante. Durante periodos de estrés mantenido, nuestro organismo libera diferentes sustancias, entre ellas el cortisol, una hormona que participa en múltiples funciones del cuerpo, incluida la respuesta antiinflamatoria. Cuando desaparece parte de ese estrés y el organismo vuelve poco a poco a un estado de mayor relajación, el cortisol (en gran medida) desaparece del torrente sanguíneo, entonces algunas molestias que habían pasado desapercibidas pueden hacerse más evidentes. La respuesta no está en un solo gesto, sino en el contexto que rodea a la persona mesesantes del evento doloroso. Dormir fuera de casa: ¿el colchón tiene realmente la culpa? Es una de las frases más repetidas durante el verano: «Desde que llegué al hotel me duele la espalda. Seguro que es el colchón.» Aunque un colchón muy diferente al que utilizamos habitualmente puede hacer que nos sintamos menos cómodos, la evidencia científica no permite afirmar que exista un colchón perfecto para prevenir o tratar el dolor lumbar. Entonces, ¿por qué muchas personas notan molestias al dormir fuera de casa? Porque el colchón es solo una pieza del puzle. En vacaciones solemos acostarnos más tarde, dormimos menos horas, el calor puede dificultar el descanso y, en ocasiones, el consumo de alcohol o los cambios de horarios hacen que la calidad del sueño disminuya (que el colchón sea diferente también). Hoy sabemos que dormir mal puede aumentar la sensibilidad al dolor y reducir nuestra capacidad para recuperarnos de las cargas del día anterior. Cuando el descanso se convierte en actividad Durante meses apenas caminamos unos miles de pasos al día, el trabajo, los niños, las tareas del hogar… nos ocupan todo el tiempo y, de repente, pasamos jornadas enteras paseando por una ciudad, caminando por la playa o haciendo senderismo. Otros aprovechan para jugar partidos de pádel, nadar o pasar horas jugando con los niños en el agua. Lo cierto es que mantenerse activo suele ser una de las mejores decisiones para la salud pero el problema aparece cuando el cambio es demasiado brusco. No porque la espalda sea frágil, sino porque necesita tiempo para adaptarse a nuevas demandas. Si, además, añadimos poco descanso a la fórmula (como decíamos antes) tienes el cóctel perfecto. ¿Influye caminar por la arena? La arena es una superficie inestable. Cada paso exige pequeños ajustes en tobillos, rodillas, caderas y espalda/core para mantener el equilibrio. Es un excelente estímulo para muchas personas. Sin embargo, también supone una carga distinta a la de caminar sobre una acera o un suelo firme. Si

Fascitis plantar en verano: por qué aparece y qué puedes hacer para mejorar

FASCITIS PLANTAR EN VERANO

Empiezan las vacaciones, te pones las chanclas, caminas descalzo por casa, y a los pocos días aparece un dolor en la planta del pie. Al principio es una molestia. Después empiezas a notar que, al levantarte por la mañana o después de estar sentado un rato, los primeros pasos son especialmente dolorosos. Vuelves a tu calzado normal pero ya es tarde. Buscas en Google: Dolor en la planta del pie al levantarme. Y una palabra aparece una y otra vez: fascitis plantar. Sin embargo, conviene entender algo importante que no todo dolor en la planta del pie es una fascitis plantar, ni todas las personas desarrollan molestias por las mismas razones. Para profundizar en este tema visita este artículo Y aquí es donde empieza el verdadero tratamiento: comprender qué está ocurriendo y por qué ha ocurrido precisamente ahora. ¿Por qué la fascitis plantar parece aparecer con tanta frecuencia en verano? Con la llegada del verano, y sobre todo al finalizar, aumenta el número de personas en consulta por fascitis plantar. Y no es casualidad. La mayoría de personas llegan convencidas de haber encontrado la causa. «Ha sido por las chanclas.» «Es que he ido mucho descalzo.» «Seguro que fue el paseo por la playa.» Aunque cualquiera de estas situaciones puede influir, lo que realmente cambia durante las vacaciones es la cantidad de estímulos nuevos que recibe el pie en muy poco tiempo. Quizá pasas muchas más horas caminando, utilizas un calzado completamente diferente, permaneces más tiempo descalzo, haces deportes que normalmente no practicas, recorres ciudades durante horas o juegas partidos improvisados de vóley o palas en la playa. Cada uno de esos cambios, por separado, probablemente no supondría ningún problema. Pero cuando aparecen todos juntos o uno muy repetido en el tiempo, el pie tiene queadaptarse a una carga muy distinta de la que estaba acostumbrado. Y esa idea —la capacidad de adaptación a la carga que recibe el tejido— será una de las claves paraentender este artículo. Cuando todo cambia a la vez Las vacaciones no solo cambian el calzado. Cambian prácticamente toda nuestra forma de movernos. Quizá durante el resto del año haces entre 5.000 y 7.000 pasos al día y, de repente, durante una semana recorres una ciudad caminando más de 20.000 pasos diarios, decides aprovechar para empezar a correr por el paseo marítimo, juegas varios partidos de pádel después de meses sin tocar una pala o haces varias rutas de senderismo. La arena, por ejemplo, obliga al pie y al tobillo a trabajar de una forma distinta. Cada pasorequiere pequeños ajustes musculares. Eso no significa que la arena sea perjudicial.Significa que es diferente y cuando el cuerpo se enfrenta a un cambio importante, necesitaun tiempo para adaptarse. Todo esto supone una carga adicional para los tejidos del pie. Y nuestros tejidos tienen una capacidad para soportar esfuerzo pero necesitan tiempo para responder. Si la carga supera de golpe lo que el tejido puede tolerar, es más probable que aparezcan molestias. Entonces… ¿No es culpa de las chanclas? La respuesta corta sería: No necesariamente. Las chanclas no provocan una fascitis plantar por sí solas. Si así fuera, todas las personas que las utilizan tendrían dolor. Y eso no ocurre. Cuando pasamos muchas horas con un caldo diferente, aumenta la carga de trabajo de algunos músculos del pie y de la pierna. A esto se suma que solemos caminar bastante más, permanecer más tiempo de pie y movernos sobre superficies distintas. El resultado depende de cómo se adapta tu pie a ese conjunto de cambios. La pregunta realmente útil es: «¿Estaba mi pie preparado para todo lo que le he pedido hacer estas vacaciones? Caminar descalzo: ¿Bien o mal? En los últimos años se ha popularizado la idea de que caminar descalzo, o “barefoot” es siempre beneficioso porque fortalece el pie pero esa afirmación simplifican demasiado la realidad. Caminar descalzo modifica la forma en la que el pie recibe y distribuye las cargas y cambia el trabajo que realizan músculos, tendones y otras estructuras. En muchas personas esto puede ser perfectamente una oportunidad para que el pie se adapte a diferentes estímulos. El problema aparece cuando el cambio es demasiado brusco o cuando el pie no se adapta. Una vez más: El tejido necesita tiempo para adaptarse. ¿Y si el problema no está solo en el pie? Cuando hablamos de fascitis plantar, es fácil centrar toda la atención en la zona que duele. Pero en consulta rara vez nos limitamos a mirar únicamente el lugar donde aparecen las molestias. Nos interesa entender cómo está funcionando el conjunto. Valoramos, por ejemplo, la movilidad del tobillo, la fuerza de la musculatura de la pantorrilla, la capacidad del pie para adaptarse a la carga, la forma de caminar e incluso otras regiones del cuerpo, cómo las lumbares. Si quieres profundizar en este tema visita este artículo Conclusión La fascitis plantar es uno de los motivos de consulta más frecuentes durante el verano. Pero reducir su explicación a frases como «es culpa de las chanclas» o «no vuelvas a caminar descalzo» suele quedarse corto. En la mayoría de los casos, el dolor aparece porque el pie ha tenido que adaptarse, en muy poco tiempo, a una situación muy diferente de la habitual. Comprender esos cambios suele ser el primer paso para recuperarse. “El diagnóstico pone nombre al problema. El razonamiento explica por qué haaparecido.” Si el dolor en la planta del pie lleva tiempo acompañándote, o limita tu día a día, una valoración individual puede ayudarte a entender qué factores están influyendo en tu caso y a diseñar una estrategia de recuperación adaptada a ti. En Laugan creemos que comprender el problema forma parte de la solución. Por eso dedicamos tiempo no solo a valorar el pie, sino también las demás estructuras que puedan afectarle, entender el contexto en el que ha aparecido el dolor, y qué herramientas pueden ayudarte a recuperar la confianza en el movimiento. Referencias:Guía de Práctica Clínica de la APTA/JOSPT (2023)https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38037331/ Efectos de las intervenciones terapéuticas sobre

Fascitis plantar y dolor de la planta del pie

fascitis-plantar

Fascitis plantar y dolor en la planta del pie: lo que nadie te cuenta   El dolor en la planta del pie es una de las molestias más habituales en consulta y muchas veces se diagnostica directamente como fascitis plantar. Pero la realidad es que este dolor puede tener múltiples orígenes. En este artículo quiero contarte, desde mi experiencia clínica, por qué no siempre la causa principal es la fascia, cuáles son los errores de diagnóstico más comunes y cómo trabajamos en fisioterapia para devolverle al pie su equilibrio, su fuerza y su movilidad.   Cuando aparece dolor plantar, no siempre hablamos de fascitis plantar. Estas son algunas de las causas más frecuentes con las que puede confundirse: Espolón calcáneo: ese huesecito en forma de clavo que se ve en radiografías y generaría un dolor en el talón del pie. Tendinopatías del tibial posterior y otros músculos que sostienen el arco plantar. Patología del flexor corto del dedo gordo, clave en la propulsión al caminar y correr. Dolores irradiados desde la zona lumbar (raíces nerviosas L4, L5 y S1 responsables de la sensibilidad plantar). Síndromes de atrapamiento nervioso como el túnel tarsiano o la compresión del nervio de Baxter. Fracturas por estrés del calcáneo, frecuentes en corredores o tras aumentos bruscos de actividad. Atrofia de la almohadilla grasa del talón, que disminuye la amortiguación natural del pie. Como ves, el dolor en la planta del pie tiene muchas posibles causas y reducirlo todo a fascitis plantar es quedarse corto. A continuación vamos a incluir las causas más habituales por las cuáles las personas que vienen a nuestra consulta sufren de dolor plantar.  Fascitis plantar y caída del arco Uno de los hallazgos más frecuentes en consulta es la caída del arco plantar debido a la debilidad de los músculos intrínsecos del pie. Este hecho no siempre causa dolor por sí mismo, pero sí predispone a que el sistema nervioso detecte el pie como “en riesgo” y genere dolor. Además, esta situación deja al pie en una posición de mucha tensión excéntrica, lo cuál puede estresar mucho a la fascia plantar. Dicho de otra manera, la fascia tiene que estar sujetando ambos extremos del pie haciendo que esté permanentemente sometida a tensiones longitudinales pudiendo generar inflamación y dolor plantar. Tipos de arco plantar y su relación con la fascitis plantar Patología del sistema nervioso Además, no debemos olvidar que el dolor en la planta del pie también puede estar relacionado con la zona lumbar de dos maneras diferentes:  1. De las metámeras (o segmentos vertebrales) de las vértebras L4, L5 y S1 salen y entran los nervios que acaban llegando a la planta del pie. Estos nervios transmiten información motora y sensitiva del pie (entre otros). Cualquier afección en esta zona puede condicionar al correcto funcionamiento y procesamiento de esta información, generando disfunciones de movimiento y percepciones sensoriales alteradas.   2. En los segmentos vertebrales lumbares altos (T12-L2) encontramos los centros nerviosos de procesamiento del sistema nervioso vegetativo o autónomo que viaja a todo el miembro inferior, incluido el pie. Este sistema se encarga de decidir, entre otras cosas, cuándo y cuánto se dilatan y se contraen las venas, arterias y capilares sanguíneos, condicionando a la cantidad de sangre que llega a la fascia y pie en general y, por lo tanto, a la capacidad de drenaje y limpieza de la zona. Un desajuste en este sistema podría alterar el correcto aporte sanguíneo de la microcirculación,  y por lo tanto de oxígeno y nutrientes, etc. lo cuál dificulta la limpieza, el drenaje y la recuperación tisular de la zona.  Restricciones de movilidad y adaptaciones biomecánicas  Lesiones antiguas como esguinces, fracturas o deformidades (hallux rígidus, hallux valgus o juanetes) pueden alterar la movilidad del pie. Estas adaptaciones sobrecargan estructuras como la fascia plantar o los tendones, resultando en inflamación y degeneración, y dificultan el libre movimiento del pie, reproduciendo síntomas parecidos a los de una fascitis plantar. Tratamiento activo: resolver el verdadero problema ¿Cómo curar la fascitis plantar o el dolor plantar? La clave no está en “apagar” el dolor, sino en devolverle al pie su equilibrio. Para ello, seguimos un enfoque progresivo:   Identificar el problema real: Determinar cuál es la fuente del problema. ¿Es lumbar?, ¿El recorrido nervioso?, ¿Un fallo en la biomecánica?, ¿Debilidad muscular?, ¿Estás durmiendo bien? Establecer la estrategia con el tratamiento adecuado y ejercicios sencillos pero bien enfocados, reduciendo mientras tanto la carga repetitiva (andar, correr, saltar). Progresar hacia mejores hábitos y ejercicios con más carga: ponerse de pie, caminar, gestos deportivos. Conciencia activa del arco plantar en todas las actividades.   Los músculos más importantes que trabajamos son: tibial posterior, tibial anterior, flexores cortos y abductor del dedo gordo y, de manera global, la cadena posterior.   Ejercicios y herramientas útiles Ejercicios con gomas: se busca inducir la caída del arco para que el paciente aprenda a corregirla, activando la musculatura protectora. BlackBoard Training: una tabla de entrenamiento que permite trabajar la estabilidad e independencia del pie respecto al resto de la pierna Gracias a ella, el pie recupera fuerza, control y capacidad de adaptación a todo tipo de terrenos. Conclusión El dolor en la planta del pie no siempre es fascitis plantar, aunque muchas veces se diagnostique así. Puede deberse a debilidad muscular, caída del arco, atrapamientos nerviosos, problemas lumbares o incluso fracturas por estrés.   Debemos saber que el dolor, incluido el de la fascitis plantar, no siempre refleja daño en el tejido. Es una señal de protección del sistema nervioso, que busca llamar nuestra atención y que modifiquemos conductas. Por eso, si solo tratamos el pie sin mirar al resto del cuerpo (lumbares, cadera, rodilla…), probablemente no demos con la verdadera causa.   El tratamiento más efectivo no pasa por terapias pasivas, sino por un trabajo multidisciplinar activo y progresivo que readapte también la biomecánica del pie, devolviendo la fuerza, estabilidad y libertad de movimiento necesarias para afrontar cualquier situación. ¿Te duele la planta del pie? Déjanos ayudarte 📞 Llámanos

Cuando el dolor no viene de donde crees

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Cuando el dolor no viene de donde crees ¿Alguna vez te han tratado una zona dolorida sin resultados? Puede que el verdadero origen del dolor no esté donde lo sientes. En consulta, vemos a menudo personas que llegan convencidas de que tienen un «codo de tenista«, una «fascitis plantar» o incluso una «trocanteritis«… y resulta que el problema está, ni más ni menos, en la columna vertebral.   Como se suele decir: «No todo es lo que parece». A veces, una irritación o disfunción en la columna puede provocar lo que llamamos dolor referido: una sensación de dolor que aparece en una zona distante a la del origen del problema. A modo de ejemplo: Un dolor de codo externo puede no ser un “codo de tenista”, sino un problema en las cervicales C5-C6. Un dolor en la cara interna de la rodilla, comunmente diagnosticado como «tendinitis de la pata de ganso”, puede tener su origen en la raíz lumbar L3. Una fascitis plantar persistente podría no ser tal, sino estar relacionada con una irritación en la raíz L5. Un dolor en la zona lateral de la cadera, típico de la “trocanteritis”, puede estar relacionado con disfunciones en L1. Y los clásicos dolores de cabeza tensionales pueden derivar de restricciones en la zona cervical alta (C1-C3).   🧠 Sorprendente, ¿verdad?   Por eso, en lugar de centrarnos solo en la zona que duele, en fisioterapia es esencial hacer una valoración global: analizar tu historia, contexto, tus movimientos y la relación neurológica entre las zonas. 📣¿Sientes alguno de estos dolores (u otros) y no mejoras con el tratamiento habitual? Puedes hacer dos cosas: Presta atención a los siguientes posts que vamos a subir al blog. Pídenos una cita para una valoración completa. Nuestros profesionales están altamente capacitados para ayudarte   Estás a un click de curarte. 🙂​ 📍​Pide tu cita y resuelve tu dolor

¿Es el reposo absoluto útil en las lesiones?

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¿Es el reposo absoluto útil en las lesiones? Por qué moverse es parte de la solución Durante años se ha repetido una y otra vez: “Si te duele, no te muevas”. El reposo absoluto ha sido la recomendación estrella tras muchas lesiones, pero ¿sigue teniendo sentido hoy en día? La respuesta corta es no siempre. En realidad, en la mayoría de los casos, el reposo prolongado puede hacer más daño que bien.   El mito del reposo absoluto Cuando una persona sufre una lesión —una contractura, un esguince o incluso una lumbalgia— es habitual que escuche consejos del tipo: “Quédate en cama”, “guarda reposo”, “espera a que se cure”.Estos mensajes ya no se sostienen con la evidencia actual. Hoy sabemos que el cuerpo necesita movimiento, que cuando está bien planificado y adaptado al momento de la lesión, acelera la recuperación y mejora la calidad del tejido.   ¿Por qué el reposo absoluto puede ser perjudicial?   ¿Entonces nunca hay que hacer reposo? No se trata de moverse sin control. El reposo relativo (es decir, evitar lo que claramente empeora los síntomas, pero mantenerse activo dentro de lo posible) sí es útil en fases agudas. El objetivo debe ser: reintroducir el movimiento cuanto antes, de forma progresiva y guiada. Por ejemplo:   Moverse es medicina. Pero moverse bien, en el momento adecuado y con el acompañamiento correcto.     ​🎓​ Si quieres saber más, puedes consultar las siguientes referencias:   ​📍​Early mobilization in spinal cord injury promotes changes in microglial dynamics and recovery of motor function ​📍​Acute Achilles Tendon Rupture: Clinical Evaluation, Conservative Management, and Early Active Rehabilitation ​📍​Early mobilization following elective ankle lateral collateral ligament reconstruction in adults   ¿Estás lesionado y no sabes por dónde empezar? En nuestra clínica trabajamos desde un enfoque actualizado y personalizado. Si tienes dolor o estás en proceso de recuperación, podemos ayudarte a volver a moverte con confianza y recuperarte mejor.   Reserva tu cita aquí ​📍​